Ayer ya volví del Congreso sobre Internet, Derecho y Política en Barcelona. Ha sido muy interesante, y para que una persona hiperactiva como yo lo diga respecto a una actividad que implica estar sentado y atento principalmente, eso es muchísimo. Por supuesto, ha habido opiniones dispares, con algunas coincidía y con otras no. Tal vez la pena es haber ido un poco agotado a causa de la "fantástica" cama que me tocó, pero ¿qué se le va a hacer?
La verdad es que los contenidos que se tocaron en el Congreso fueron muy interesantes, aunque resulta una pena que algunos de ellos tuvieron que ser vistos a velocidad turbo (se podría resumir en "como dar una conferencia de una hora en un cuarto de hora"). Ahora bien, dada la importancia de algunos de los hechos de los que se hablaron en el Congreso, voy a ir progresivamente comentando algunas cositas del Congreso desde mi punto de vista, totalmente personal. Y voy a empezar con un hecho del cual se habló en el Congreso, sobretodo el profesor Yves Poullet, y es el referente a la solución mediante la mejora en las máquinas.
Resulta curioso observar como la opinión de que la mejora en seguridad y legalidad pasa por un cambio en las máquinas, así como el hecho de que resulta sencillo observar estos cambios en dispositivos más especializados como los iPods, va cobrando cada vez más y más fuerza. En Internet hay multitud de páginas web, hablando sobre las bondades en materia de protección de datos y de control de los delitos virtuales que comportaría la adopción de estos modelos.
Pues toca desmitificar este hecho, y para hacerlo, hablaremos primero del iPod, aunque lo que voy a mencionar a continuación sería aplicable a la gran mayoría de dispositivos dedicados. Un IPOD parece en principio un dispositivo cerrado, que sirve para oir música sin posibilidades de que suceda nada malo, al ser un dispositivo cerrado. La imposibilidad de instalar aplicaciones fuera de las permitidas por el fabricante (en este caso Apple), se compara en ocasiones a lo que sucedía con los equipos diseñados en los inicios de Brother, en la cual el número de aplicaciones estaba completamente determinado.
El problema es que el conocimiento de la sociedad de la tecnología en la que se basan estos equipos ha aumentado, al menos dentro de determinados colectivos, y el objeto con el cual se diseña un dispositivo no siempre es el único para el cual será capaz. En el caso del iPod, las funcionalidades que se les han ido añadiendo como puede ser la visualización de vídeos, han contribuido a ir haciendo progresivamente que el diseño de este dispositivo se vaya decantando cada vez más por una mayor versatilidad y capacidad general de proceso. Ya no tenemos un cassette con una simple grabación magnética para leer; ahora debemos leer un archivo como aquellos con los que trabajan los ordenadores, procesarlo en base a un códec, e ir obteniendo el resultado. Si realmente fuera un sistema tan tan perfecto, proyectos como iPod Linux no existirían (no voy a entrar en si supone algún tipo de infracción una modificación del dispositivo en este ámbito). En las consolas de juegos, y en particular la anterior XBox gracias a su arquitectura basada en x86, se han llegado a instalar emuladores de dispositivos antiguos, reproductores de música y vídeo, y completos Sistemas Operativos.
Lo mismo podríamos decir sobre el tema de ordenadores "cerrados". Hoy en día nada es verdaderamente cerrado. Se llegan a hackear decodificadores de satélite para añadir funcionalidades, y el ámbito de los pc tontos, cuya única función es la de acceder a Internet, no está exento de esta posibilidad. Hace un tiempo, un banco español entregaba terminales tontos para poder acceder a Internet, aunque con la imposibilidad por parte del usuario de utilizar otras aplicaciones. Actualmente, estos terminales han sido totalmente modificados, pudiendo convertirlos en pc de carácter general.
El eslabón más débil de la cadena es siempre el usuario. De nada nos servirá tener la máquina más segura si el usuario intenta evitarlos con tal de acceder a contenido más dudoso. Y es que hecha la Ley, hecha la trampa.