Siempre digo lo mismo: el mayor problema de seguridad no suele estar en un determinado programa o Sistema Operativo, sino en los mismos usuarios. En ocasiones me ha llamado la atención como personas que tienen miedo de poner el número de la tarjeta de crédito a través de Internet, por miedo a que un hacker se apodere de él, dejan sus contraseñas apuntadas en postits pegadas al monitor, la torre, o en la mesa de trabajo, facilitando así el acceso no autorizado a su cuenta de usuario.
En verano se le añade un nuevo riesgo, el uso de ordenadores públicos (como pueden ser los que encontramos en un cybercafé), con las trazas que podemos dejar en dichos equipos informáticos a través de su uso. En muchas ocasiones se obvía que determinados sistemas pueden dejar información accesible a terceras personas, con lo cual se pueden producir brechas de seguridad.
En este sentido, resulta normal ver iniciativas como la de la Asociación de Internautas, recordándonos que las contraseñas usadas en ordenadores públicos son más vulnerables y que por ello resulta recomendable el cambio.